Sobre el fallecimiento de Néstor Kirchner

El día de ayer quedará en la historia por muchos motivos. Obviamente, el principal será por el fallecimiento del ex Presidente Néstor Kirchner. Datos como el Censo 2010 (pocas cosas son tan trascendentes en una democracia moderna como el mayor evento estadístico de la Nación) quedarán relegados a un segundo plano.

La muerte de Kirchner no puede sorprender demasiado a nadie. El ex Presidente de la Nación, hasta ayer Diputado y Presidente pro-témpore de la UNASUR había pasado por varias delicadas cirugías y muchos “síntomas” de debilidad física. Eso, sumado a su carácter temperamental, visceral y obstinado, era una mala combinación.

Lo que sí sorprende, para bien (y debo confesar que por primera vez debo felicitar al aparato mediático kirchnerista), es el manejo que se hizo hasta hoy del deceso del político más poderoso de los últimos años.

Para empezar, el aparato militante desentonó por primera vez, demostrando en los medios online una inconducta enorme, escribiendo desde la bronca y el dolor como nunca antes, pregonando que “el gorilaje” iba a aprovechar esta desgracia para pegar más duro contra el gobierno de Cristina. Mientras tanto, el arco opositor enviaba sus condolencias y le deseaban a Cristina fuerza y valor. Obviamente, los cybermilitantes salieron a pregonar la bajeza de quienes presentaban sus respetos, tildándolos de hipócritas. Pero el aparato mediático Estatal no especuló ni utilizó la demagogia, agradeció públicamente a quienes enviaban sus saludos y se limitó a informar sobre lo sucedido.

Los medios del “monopolio” callaron sus opiniones adversas al gobierno y sólo hicieron algún análisis sobre el porvenir del movimiento kirchnerista. En el universo online, los opositores desentonaron tanto como los cybermilitantes: festejaban la muerte de Kirchner haciendo recordar aquellos carteles de “viva el cáncer” de la época de Eva Perón.

No voy a proponer aquí que todos los políticos que hoy “respetan la memoria” de Kirchner están sinceramente tristes. Pero parte del protocolo de cualquier político es portarse de acuerdo a las normas de etiqueta, y lo están haciendo. De todas formas, intuyo que muchos están sinceramente apenados, tal vez por motivos bastante lejanos al dolor natural que provoca la muerte.

Una de las cosas que va a dejar en evidencia la muerte del ex Presidente, es que la oposición perdió un rival indispensable para seguir apostando al crecimiento hacia las elecciones. Muchos de los pre-candidatos a la presidencia hicieron de la guerra personal contra Kirchner su única arma, evitando mostrar y demostrar sus planes hacia un posible gobierno.

Otro de los sucesos que seguramente veremos en los próximos días, más allá de la práctica habitual de nuestra política de chicanear hacia uno y otro lado, es que el Peronismo recuperará fuerzas.

Nótese que hablo de Peronismo a secas, sin mencionar ni kirchnerismo ni peronismo federal ni nada de eso. Una de las cuestiones básicas que hacen del Peronismo una fuerza indestructible, es su carácter de Movimiento, y estas desgracias generalmente logran poner en funcionamiento los engranajes que provocan –valga la súper redundancia- el movimiento del Movimiento.

Dentro del ala kirchnerista, se acabaron las figuras de peso. Ya no hay caudillos que puedan movilizar emocionalmente a las masas. Cristina siempre fue, y lo reconoció, una compañera política de Néstor. Otras figuras como Aníbal Fernández, Hugo Moyano, Luis D’Elía o Guillermo Moreno, son tan kirchneristas como yo holandés. Se balancean de un poder al otro, se reacomodan y siguen adelante.

Las figuras como Duhalde, De Narváez, Das Neves, Rodríguez Saá, son peronistas del tipo tradicional. Un tanto populistas en el discurso pero pragmáticos en la acción. La muerte de Néstor Kirchner los pondrá a trabajar sobre una nueva construcción dentro del Movimiento, aprovechando obviamente la pausa que se generará en el accionar de sus principales rivales internos.

Digamos entonces que por un lado tendremos al peronismo reorganizándose, y por el otro tendremos a los “enemigos mediáticos” del kirchnerismo auto-amordazados, por puros protocolo y etiqueta, dándole a la sociedad un respiro en la guerra sin cuartel que venían peleando.

Las tragedias son parte de la vida de todos nosotros. Y cada tragedia es un cambio drástico para los que se ven afectados por ella. Y los cambios, ya se sabe, también son grandes oportunidades.

Ayer leía a algunos amigos que decían (para apagar las ofensas de los desvelados de siempre aplaudiendo la muerte de Kirchner), que “toda muerte es lamentable” y por lo tanto no era correcto festejar el fin (ni la derrota) del adversario. Yo no estoy de acuerdo con que toda muerte sea lamentable. Creo que toda muerte es triste, para aquellos que querían bien al difunto. Pero lamentable sería no poder seguir construyendo, viviendo y creando después de esa muerte.

Los argentinos en general, y los peronistas en particular, tenemos la misión obligatoria de seguir apostando a construir una mejor Argentina. Y el fallecimiento de uno de los líderes políticos del momento no es excusa para que no lo hagamos.

Mis respetos a la familia, amigos y seguidores del Ex Presidente de la Nación Néstor Carlos Kirchner.
Q.E.P.D

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3 comentarios hacia “Sobre el fallecimiento de Néstor Kirchner”

  1. Nestor fue el mas grande presidente ,porque pudimos pagar parte de lo que debiamos ,y lo hizo ,y fuimos creciendo ,reabrieron las fabricas ,el campo se levanto economicamente ,no quiero mas de lo mismo como, duhalde,saa,menen,carrio,cobos,y todos los secuaces que dicen ser politico y jamas estudiaron ,como el señor intendente de Mansillla ,que aprenda de Nestor Kirchner , y ademas no creo que tenga las manos limpias , como el ex presidente ,te escribo de Buenos Aires.-

    • Fabián, ni siquiera el más fundamentalista de los kirchneristas rabiosos (como D’Elía) usaría la muerte de un ex presidente, bueno o malo, para denostar a otras personas o alterar de alguna manera el circuito democrático. Si el intendente de Mansilla (kirchnerista, por cierto) no te gusta, la democracia implica, además de elegir, aguantarse lo que los demás eligen.
      Si tu observación sobre el pago de deuda tuviera algo de cierta, las cosas serían distintas. Sin embargo, Kirchner asumió con una deuda externa de 140 mil millones y hoy la misma asceinde a 204 mil millones. Lo único que pagó fueron 10 mil millones al FMI, al mismo tiempo que se endeudaba por la misma cifra con Chavez, a tasas más altas.
      Por otro lado, mi nota no fue realmente para criticar al kirchnerismo, sino para analizar el futuro del peronismo sin su político más poderoso.
      Te ruego vuelvas a leer el artículo para ver eso (mi oposición al kirchnerismo es pública, pero éste no era el momento de escribir desde ese lado.)
      Un abrazo y gracias por opinar.

  2. Esto lo recibi en mi e_mail.Pero no compárto para nada la opinion.
    Kirchner para mi fue un gran hombre a pesar de que no soy Peronista ni RadicalSoy totalmente libre para elegir quien mas m guste sin importar el partido politico.

    31.10.2010 | Política | Por: Pfsor. Enrique Arenz

    A Kirchner lo mató el miedo (y Moyano le dio el tiro de gracia)

    Las personalidades como Néstor Kirchner no se enferman por la acción, las peleas, las intrigas, las crispaciones cotidianas y la hiperactividad. Al contrario, disfrutan cuando humillan y someten a los demás, aplastan a sus enemigos y consiguen sus objetivos. Lo que los enferma es el fracaso, la caída, la derrota inesperada, la debilidad del poder, el morder el polvo una y otra vez.

    Mientras Néstor Kirchner logró materializar sus ambiciones, someter a la incondicionalidad a sus adláteres y atropellar con éxito a sus adversarios y enemigos, vendió salud, fue feliz y se notaba que disfrutaba de su posición dominante.

    Obligó al comandante del Ejercito a descolgar un cuadro, echó al obispo castrense sin consultar al Papa, mandó a encarcelar a cientos de oficiales sin derecho al arresto domiciliario por edad avanzada o enfermedad, aumentó una y otra vez las jubilaciones mínimas mientras postergaba arbitraria e injustamente las escalas superiores, sometió a gobernadores e intendentes, transformó en poderosas empresarias a las madres de Plaza de Mayo y entregó las calles a piqueteros y movimientos sociales subvencionados con dinero público. Pero por sobre todo supo multiplicar milagrosamente su propia fortuna personal.

    Todo le salía bien. Hasta el extremo de idear una manera de burlar la Constitución poniendo a su esposa como sucesora para poder ocupar varios turnos presidenciales mediante esa alternancia artificial. No tuvo escrúpulos al ordenar la adulteración de las estadísticas del INDEC, no tuvo freno al meter la mano en las reservas del Banco Central, ni al manotear los recursos de la Anses ni al provocar una inflación que empobrece día a día a los pobres y arrastra a muchos a la indigencia. Hizo lo que se le dio la gana.

    Pero un día las cosas comenzaron a salirle mal. El primer aviso fue aquella inesperada manifestación masiva convocada por Juan Carlos Blumberg contra la inseguridad de la que ni él ni su esposa jamás se preocuparon. Después vino la valiente resistencia de los ruralistas contra el intento de aumentar abusivamente las retenciones, los cacerolazos en los centros urbanos, el rechazo popular al discurso enervante que planteaba el conflicto permanente y se negaba al diálogo negociador, y, finalmente, el demoledor voto no positivo del vicepresidente Cobos, una verdadera catástrofe.

    Y a partir de ese traspié, una catarata de fiascos y frustraciones: el enfrentamiento con la Iglesia, que le costó el alejamiento de vastos sectores católicos; el conflicto con Uruguay, que terminó con una sentencia internacional contraria a la Argentina; la derrota electoral de 2008 con el oprobio de las listas testimoniales; la valija venezolana, las denuncias de Graciela Ocaña sobre la mafia de los medicamentos (mafia tolerada por el gobierno, por eso se tuvo que ir la ministra), la guerra contra el periodismo independiente que publicaba tapas, investigaciones, denuncias y opiniones que disgustaban al matrimonio, guerra que epilogó con el papelón increíble de la falsa denuncia contra la empresa Papel Prensa , y por último, la frustrada arremetida contra la Justicia “delivery”, los jueces “cautelares” y la Corte Suprema de Justicia (que había sido nombrada “para otra cosa”, según reconoció el Secretario Legal y Técnico de la presidencia), Corte Suprema cuyos dignos y probos ministros, a pesar de los insultos, las presiones y las amenazas, fallaron como tenían que fallar en tres causas fundamentales (tres puñaladas para el corazón sensible de Néstor): la extradición del terrorista chileno Apablaza, la reposición del procurador echado por Kirchner en Santa Cruz y la confirmación de la suspensión del artículo de “desinversión” de la Ley de Medios (hecho a medida para fulminar a Clarín).

    A todo esto, las encuestas alambicadas de los analistas más complacientes le daban una caída libre en la intención de voto de la gente, le advertían la virtual imposibilidad de llegar al 40% en la primera vuelta en un proceso considerado irreversible, y por lo tanto la imposibilidad de la reelección de Cristina o la elección de Néstor en el 2011.

    Scioli, oportunista y ventajero (pero no cobarde), lo culpó solapadamente de la inseguridad en la provincia haciendo trascender que tenía las manos atadas. “¿Quién le ata las manos, gobernador?”, bramó Kirchner fuera de sí en una tribuna mirándolo a Scioli con la cara contraída por el descontrol y la furia.

    Y esa afrenta le permitió al “sangre de horchata” dar señales de vaporosa independencia, poner condiciones a su asistencia al último acto en Santa Cruz y hasta admitir públicamente que podría ser candidato a presidente. Varios intendentes se soliviantaron y algunos gobernadores se atrevieron a hablar “del futuro del Justicialismo” nada menos que con Duhalde.

    Ahí Kirchner tuvo su anteúltimo episodio vascular.

    Se produjo el asesinato del joven militante del PO, y cuando el gobierno intentó tirarle el muerto a Duhalde apareció en los odiados diarios la foto del presunto asesino abrazado con los ministros Boudou y Sileone, en una peña exclusiva y rigurosamente kirchnerista.

    Pero mientras estas atroces derrotas se producían y debilitaban su menguante poder, los jueces federales movían parsimoniosamente los expedientes de incontables denuncias de corrupción que acorralan a los más cercanos colaboradores de los Kirchner. Néstor sabía que cuando ya no estuviera en el poder tendría que afrontar serias consecuencias penales. No sólo él, también su esposa y posiblemente su hijo, que es el administrador de la fortuna familiar y como tal debe de saber mucho sobre el arte de comprar terrenos fiscales baratos y venderlos caros. El horizonte se le puso muy negro, no tenía escapatoria. Por eso fantaseó con presentarse como candidato a gobernador por Santa Cruz, y dicen (esto no está probado aún) que había comenzado a urdir como última escapatoria un pacto de impunidad con Scioli a cambio de designarlo su heredero.

    Cuando el ex presidente llegó a Calafate, ya se estaba muriendo. Su poder sin límites, sus proyectos hegemónicos, su “revolución” social, su “modelo” económico de acumulación y “distribución del ingreso”, su capitalismo de amigos disfrazado de Justicia Social, todo, absolutamente todo, se estaba derrumbando. Hasta la composición del Concejo de la Magistratura, que utilizó como amenaza contra algunos jueces vulnerables, cambiaría próximamente dejándolo sin el temible poder de veto.

    Ya estaba muriendo, pero le faltaba el tiro de gracia.

    Y se lo dio Moyano. El día anterior a su fallecimiento el camionero, exaltado porque también se sabe en peligro, habló con Kirchner por lo menos tres veces y le recriminó en duros términos haberle vaciado la reunión del Consejo Justicialista de la Provincia, a la que pegaron el faltazo los principales dirigentes aparentemente por orden de Kirchner. Claro, Kirchner también comprobó que Moyano era otro de sus terribles fracasos e intentaba esmerilarlo antes de que levantara demasiado vuelo. Pero ya era tarde.

    Los que le cargaron a Moyano este sambenito (que le va a resultar difícil quitarse) aseguran que la discusión fue feroz: Moyano lo amenazó, le recordó que él era el dueño de la calle y que ya estaba harto de soportar sus maniobras arteras y su autoritarismo. A la mañana siguiente Kirchner estaba muerto.

    No murió por patriota ni por ser un gladiador que dio su vida por sus ideales en beneficio del pueblo argentino. No fue un mártir, que prefirió la muerte antes que renunciar a sus convicciones, aunque mucha gente, en el marco de la necrofilia argentina, hoy así lo crea. Fue un ambicioso desmesurado de poder y de dinero, un político sin escrúpulos, sin ética, sin remordimientos, que usó la política y el poder en su propio beneficio. Y como suele ocurrir con todas las personas como él, que además están solas y aisladas porque desconfían hasta de sus sombras y no aceptan consejos ni opiniones que contradigan sus caprichos y sus locuras, un día la torre que edificó se le empezó a venir abajo.

    Cuando Néstor tuvo la certeza de que el piso se le ab ría bajo sus pies y los de su familia, su corazón no lo soportó.

    En síntesis: a Kirchner lo enfermó la seguidilla de fracasos sin retorno, y lo mató el miedo a las consecuencias penales que lo estaban acechando. Y fue Hugo Moyano quien tuvo el dudoso honor de darle el tiro de gracia.

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