Archivos para Enero, 2007

Debatir el debate

Publicado en Novedades el Enero 25, 2007 por oraculo

Cuando dos personas (o más) no se entienden, hay una sola forma de acercar posiciones y acordar coherentemente cómo aplicar las distintas ideas a un camino común: el debate.
Este debate, manejado desde la serenidad, la buena predisposición y el entendimiento de las diferencias, siempre es productivo. Aun cuando las posturas sean aparentemente irreconciliables, aun cuando las ideologías jueguen en contra, el debate es necesario y productivo.

Mi intención de siempre, aun en épocas pasadas donde mi discurso y mis formas de expresión dejaban bastante que desear en cuanto a diplomacia, fue (y es) generar debate. Esta idea siempre funcionó, y el cruce de opiniones que hemos mantenido hasta aquí con algunos ciudadanos de Mansilla, lo demuestra. En todas las notas posteadas, queda claro algo fundamental: TODOS estamos de acuerdo en que la instalación de la planta industrial es buena para la comunidad, y hemos cosechado elogios, buenos augurios y agradecimientos desde los más diversos ángulos, aun de gente que está enfrentada conceptual o ideológicamente conmigo.

Sin embargo, y tal vez me equivoque, creo que hay un punto clave en el que hay que detenerse a pensar hasta que punto el debate es productivo o comienza a resquebrajarse debido a la politización de los discursos.
En este punto quiero detenerme hoy, justamente porque presiento que algunos dichos de este blog comienzan a teñirse de ideología partidaria.

Cuidado, no estoy acusando a quienes adhieren con opiniones o critican con argumentos como las personas que hasta ahora han aportado a este espacio, sino a mí mismo. A este punto debo dejar claro algo, antes de que se me comience a acusar del delito de tener valores y principios políticos.

Tengo 32 años, y en los últimos 15 he estado militando en el Justicialismo de la Provincia de Buenos Aires. De esos 15 años, aproximadamente la mitad los pasé renegando de mi propia perseverancia dados los nefastos personajes con los que tuve que compartir. La otra mitad, la he pasado construyendo un espacio independiente, de pensamiento liberal (en el estricto sentido de LIBERTAD POLITICA y no en el que tristemente adquirió en los últimos años), que ha dado muchos y generosos frutos en cuanto a debate, discución y generación de proyectos productivos.

Mi llegada a Mansilla coincidió con un gobierno municipal de la UCR, y lo primero que hice fue comentarle al amigo Ormaechea que veníamos de extracciones políticas distintas y opuestas, pero que era un gusto trabajar juntos en algo que excede desde todo punto de vista lo meramente ideológico. Trabajamos mucho y muy bien juntos en la parte de planeamiento, pero más tarde el gobierno municipal flaqueó en lo estrictamente operativo, dejándome solo a mitad de camino.

Si yo sigo buceando en el tema que de pronto nos convocó a varios en estas páginas, terminaré, sin quererlo, politizando mi discurso. No porque me sirva de nada “embarrar la cancha”, sino porque me es imposible separar mi accionar económico y social de mi propio trabajo en lo político y de cómo los políticos de aquel entonces, por incapacidad o desconocimiento (nunca mala voluntad), socavaron un proyecto que hoy es muy difícil reflotar con la misma fuerza de entonces aunque siga en marcha y a punto de concretarse la primera etapa.

Entiendo que algunas personas que han comentado en este espacio, así como algunos que lo han hecho en privado y resguardando su nombre (algo que voy a respetar siempre), no piensan como yo. ¿Puedo enojarme por ser mal interpretado o no ser comprendido? De ninguna manera. Intento aclarar y aclararme, y hasta ahí llega mi capacidad discursiva. Pero también entiendo que algunas personas están queriendo volcar el debate hacia lo personal y no hacia lo productivo del discurso. En semiótica, esta estrategia de debate se llama sofismo y consiste en desviar la atención del mensaje original para centrarlo en nimiedades que pueden ser refutadas permanentemente con distintos enfoques.

Quien no se tome el trabajo de seguir toda la línea de pensamiento de quien escribe, puede pensar que en aquellos años en los que escribí mi primera nota sobre Mansilla,  yo me sentía un héroe caballeresco, un Quijote solitario que luchaba contra los “salvajes y bárbaros” que no tenían computadoras. En realidad, yo solo me limitaba a remarcar como un atraso estructural provocado por años de incapacidad y olvido políticos (tanto desde el municipio como desde la provincia y la nación) podía comenzar a ser revertido desde lo empresarial y con apoyo popular.

Habrán notado que no soy un hombre de bajo perfil. Me gusta hablar de lo que pienso y debatir con colaboradores y opositores. Es parte de mi forma de hacer, y hacer implica riesgos. En este caso, el riesgo que acepté fue el de quedar mal parado frente a aquellos que prefieren discutir la exactitud del número de personas capacitadas en idiomas, en lugar de aceptar que la comunidad no estaba preparada para competir en el mercado formal de prestación de servicios industriales.

Estas carencias de aquel Mansilla de hace cuatro años fueron atacadas en forma directa por la nueva administración, por supuesto con un enorme esfuerzo y compromiso de parte de todos los mansillenses, aun de los más férreos opositores. El Mansilla de hoy es distinto, y por supuesto que no es mérito mío (¡la fábrica finalmente no se instaló en aquella época!), ni de mis socios, ni de una sola  y única persona  en el ejecutivo municipal. El crecimiento es responsabilidad conjunta del pueblo mansillense aliado al Estado municipal, el cual por primera vez en años se dedicó a escuchar el sentir de la gente y a atacar las necesidades una por una, con tezón y trabajo, sin distinción de banderas políticas.

¿Significa esto que la solución a todos los males fue política? Definitivamente no. La solución a algunos males (otros aun deben ser atacados con el tiempo) fue una combinación de trabajo, paciencia, compromiso e inteligencia volcada desde el pueblo hacia el Estado. Así se construye. Desde el llano hacia arriba y no al revés. El municipio, hoy, es estrictamente reflejo de lo que es el pueblo: trabajo y crecimiento.

Justamente esto es lo que hay que tener claro a la hora de debatir. Ni el Sr. Ormaechea y su equipo, ni los funcionarios de aquel entonces, ni los empresarios que nos acercamos al pueblo en aquel tiempo, podemos atribuirnos los cambios positivos. Esto fue estrictamente un triunfo popular, donde la gente se volcó a cambiar las costumbres eleccionarias y apostar a un cambio, y se encontró con un nuevo equipo con ganas de crecer, con ganas de hacer, con garra y reflejos suficientes para que las cosas antes imposibles de pronto fueran más sencillas.

En el reconocimiento de estos detalles, está el sentido del debate sano. Si un servidor dijo hace cuatro años que el pueblo no sabía inglés, no estaba diciendo que era por ignorancia o salvajismo, sino porque nadie se había ocupado de solucionar esa carencia, o no habían sabido como hacerlo. Hablar de los aciertos del actual gobierno municipal, no es hacer proselitismo, sino reconocer el triunfo de lo popular a través de sus dignos representantes. Entrar en esa discusión es perder el tiempo. Generar consenso, trabajar y proyectar para que no ocurra nuevamente que Mansilla quede en el atraso, es olvidar las nimiedades de forma y ejecutar hacia adelante los planes de crecimiento de toda una comunidad.

A partir de este convencimiento, es que me abro permanentemente al diálogo. Y como hombre que crece en pensamiento, van a ver en mí, a través del tiempo, lo que los necios llamarán contradicción y los sabios reconocerán como evolución.

Nobleza obliga

Publicado en Novedades el Enero 24, 2007 por oraculo

En el día de hoy recibí un mail que durante unos minutos me hizo dudar de mi cordura.

Cierta empleada del municipio mansillense, de larga trayectoria en el mismo, me enviaba una carta bastante dura acusándome de haber tratado al pueblo de Gdor. Mansilla y a la gestión (y persona) del ex intendente Ormaechea, de aborígenes y bárbaros.

Esta persona hablaba así a partir de un artículo que yo había publicado hace aproximadamente cuatro años en cierto medio digital en el cual ya no participo.

En este artículo, que uds. pueden conocer completo en www.gacetaonline.com/miedo.htm yo hablaba de nuestro emprendimiento en Mansilla y de las dificultades que había para concretarlo. Si le dedican un minuto a la lectura de aquella nota, podrán ver que agradecía plenamente a los mansillenses y a su gobierno municipal por lo que habían hecho hasta ese momento por el proyecto. Una sola frase, la última del artículo, dejaba clara la idea que hasta ese momento yo tenía del entonces intendente Ormaechea: “Lugares donde el Intendente nos ceba mate y nos demuestra que, un carnicero, puede gestionar, muchas veces, mejor que el más preparado de los teóricos políticos “

Sin embargo, aquel escrito cargado de cierta importencia por lo negativo de los comentarios recibidos por amigos y colegas sobre nuestra intención de mudarnos, sumado a que para aquel tiempo la gestión de Ormaechea estaba flaqueando en la prosecución de algunos temas técnicos indispensables que harían fracasar con su falta la mudanza planeada, hablaba también de las carencias de Mansilla a nivel estructural y educativo, basado en datos que el mismo equipo de gobierno nos había dado.

Aquel artículo no pretendía ser agresivo, todo lo contrario. Pero detallaba algunas cosas que pueden resultar crueles si se las encara con lo que yo llamo “mala leche”.

Hablaba de alumnos que no conocían internet, de falta de tecnología básica como computadoras, de profesionales de la construcción que hasta la llegada de la fábrica no habían desarrollado proyectos importantes y de pronto lo hacían con calidad… nada ofensivo. Nada que pudiera tildarse como una calificación de bárbaros (lo de aborígenes, si hubiera sido cierto, JAMÁS podría considerarse ofensivo).

Es cierto que fuera de contexto puede sonar a comentario despectivo, aunque mi intención de entonces era resaltar como, aun ante la falta de todo eso, los mansillenses apostaban al crecimiento.

Un dato interesante, ante una metáfora mía en la que hablaba de palear tierra y de la presencia del intendente en esa tarea (mi idea era fortalecer la idea de que todos colaboraban plenamente), esta Señora se enoja aún más recalcando que el Sr. Ormaechea estaba ocupado con las tareas de gobierno. Es cierto. En eso andaba el buen hombre por lo tanto rectifico: Ormaechea no sólo no paleó tierra, sino que su colaboración se quedó en promesas. Mientras el parque industrial esperaba electricidad y ripio sin conseguirlo, el entonces intendente enripió una calle para el matadero que nunca terminó de instalarse y que fue la vergüenza de su gestión.

Nobleza obliga, me disculpo frente aquellos mansillenses que pudieron considerar ofensivas mis palabras de entonces, pero no puedo cambiar el espíritu de mi pensamiento sobre el tema, añadiendo que al día de hoy, mi opinión de aquella gestión es nefasta. No puedo culpar a uno o dos de aquellos funcionarios. El municipio a pleno nos falló y sólo comenzó a reacreditarse frente a mis ojos cuando el Dr. Orué asumió su mandato y junto a su equipo puso en marcha lo que llevaba años dormido: la cada vez más próxima radicación de una industria en Gdor. Mansilla.

A continuación, la carta de la enojada Sra. Graciela Rubini, y más abajo, la respuesta que le dí a la misma.